Señor Director:
El plan de ajuste fiscal presentado por el Ministerio de Hacienda no puede entenderse como una simple sugerencia ni como un ejercicio de eficiencia del gasto. El Oficio Circular N°16 mandata la formulación presupuestaria y expresa un profundo cambio de mirada. En él se propone eliminar más de un centenar de programas y reducir significativamente cientos de otros, redefiniendo el rol del Estado e incumpliendo, además, una promesa central de campaña: disminuir el gasto sin afectar los beneficios sociales.
Las consecuencias son especialmente graves para las infancias. No estamos hablando solo de impactos en su desarrollo futuro, sino de una afectación directa y significativa de sus condiciones actuales de vida: alimentación, acceso a la educación, salud y desarrollo integral. A esto se suma un debilitamiento del tejido cultural, con la eventual desaparición de programas emblemáticos como las Orquestas Juveniles y Escuelas de Rock, fundamentales para miles de niñas, niños y jóvenes en todo el país.
En cultura, la magnitud del ajuste es preocupante: se proyecta la reducción o eliminación de una parte sustantiva de la oferta pública, afectando con mayor fuerza aquellas iniciativas que llegan a territorios donde el Estado cumple un rol insustituible.
Pero el problema no se agota en el corto plazo. Si estas decisiones se combinan con reformas que restrinjan la capacidad de recaudación futura, se compromete estructuralmente la posibilidad de sostener derechos sociales. En la práctica, el costo del ajuste no desaparece, sino que se traslada a estudiantes, familias y comunidades.
Desde CRIN (Creadores Infantiles de Chile) creemos que poner a las infancias en el centro no puede ser solo una declaración. Es hoy cuando se define si el país protege o debilita las condiciones que hacen posible su desarrollo.
Atentamente,
Daniela Guzmán
Directora Ejecutiva
CRIN Chile