¿Cómo podemos ser más inclusivos?

En una primera instancia quiero invitarlos a ponerse en el lugar de las personas que tenemos discapacidad auditiva. Si bien, en los primeros meses de vida se van alcanzando diferentes hitos del desarrollo – como la capacidad de orientar la mirada hacia la fuente sonora, los juegos vocálicos que reproduce cuando se escucha o escucha a otros que imitan sus sonidos, incitándolo a repetirlos una y otra vez, llevando a la adquisición del lenguaje oral, el seguimiento de patrones lingüísticos de nuestro medio familiar y así sucesivamente – no es igual cuando se tiene discapacidad auditiva. ¿Qué sucede cuando ese desarrollo es diferente?

¿Cuántas veces de niños jugamos a tapar y destapar nuestros oídos para escuchar el sonido ambiental de manera entrecortada? Los invito a trasladarse a esos u otros “juegos sonoros” que puedan recordar de su infancia, pero esta vez imaginen que mantienen sus oídos tapados. Curiosamente algo pasó y ya no escuchan los sonidos de su entorno o los escuchan a un volumen casi inaudible, también podemos hacer el ejercicio en tiempo presente y prender el televisor dejándolo en volumen cero o dos, por ejemplo, ¿podemos entender las instrucciones verbales de un juego?, ¿podemos comprender el reportaje del programa televisivo? ¿Podemos entender porque todos evacuan el lugar donde estamos si no hemos escuchado la señal sonora de evacuación?

El cerebro instintivamente buscará apoyo en otro sentido: la vista. Nuestros ojos, nuestro sentido de la visión pasa a ser primordial, la información está siendo captada sólo o principalmente a través de él. Miramos a nuestro interlocutor que puede ser un familiar, amigo/a, profesor/a, el rostro de la televisión, intentamos leer sus labios; como dato anexo ¿saben que el 70% de la lectura de labios son sólo conjeturas?, además aprender a leer los labios es una técnica, pero muchos la realizan instintivamente. Después de mucho esfuerzo, que requiere altos niveles de atención y concentración, quizás logre entender alguna palabra, pero no la oración o menos aún la instrucción o reportaje completo y les aseguro que se sentirán muy cansados y frustrados. Si este ejercicio lo hacemos con mascarillas perdemos el apoyo visual en los labios del interlocutor, y no sólo eso, perdemos la lectura de la expresión facial de nuestro interlocutor.

Algunos ejemplos

Los sordos vivimos a diario una diversidad de situaciones que nos ofrecen alto grado de dificultad, como por ejemplo estar en un salón y quien entrega el mensaje no usa micrófono porque cree erróneamente que todos le entenderán y escucharán o usa el micrófono de puntero para indicar una imagen de su presentación mientras sigue hablando sin este apoyo y entonces el mensaje que logramos percibir es algo así: “A continuación les voy a mostrar una imagen donde podemos…silencio para el sordo… ¿qué les parece la información de la diapositiva?”. Lamentablemente, no podemos opinar porque la información nos ha llegado sesgada. Por favor señor/a expositor/a: use el micrófono, use un puntero para indicar las imágenes que está proyectando y mantenga siempre el micrófono frente a su boca, asegúrese que su micrófono de solapa esté orientado en la dirección correcta, al igual que los micrófonos que salen de audífonos.

Otra situación común es estar en un auditorio o sala de clases, el expositor o docente habitualmente se encuentra adelante, esto ayuda a escuchar y tener apoyo con la posible lectura labial. Pero, si alguien le realiza una pregunta o responde a una y no está en el campo visual de todos, por favor procure repetir lo que él o ella ha preguntado o ha respondido. Generalmente el sordo no escucha más que ruido y si otros han hablado en susurro o reído simultáneamente no ha escuchado nada, por lo tanto, pierde el contexto de lo que está diciendo. Este apoyo también puede ser usado en las actuales clases hibridas, donde el micrófono está en el radio del docente y los estudiantes que están en la sala preguntan o responden y quienes están en sus casas no escuchan a sus compañeros/as.

Situaciones de la interacción cotidiana

La condición de discapacidad auditiva a diferencia de otras condiciones de discapacidades, como la ceguera o la motriz, no se advierte; por lo tanto, entregue estos apoyos si su trabajo es de interacción con otros y así hará que la inclusión comience a ser una realidad.

Cuando esté preguntando datos como nombre, teléfono o mail, mire a su interlocutor al preguntar y luego mire su computador o lápiz para registrar la respuesta que ha recibido.

En empresas, colegios y servicios públicos debiese haber alarmas de sonido y de luz que indiquen una situación de emergencia.

Cuando esté con un sordo por favor no grite, más bien preocúpese de articular cada fonema y tener un ritmo pausado al hablar, tampoco es necesario sobre exagerar. Apóyese en los gestos faciales y corporales: muchas de las señas de la lengua de señas son bastante universales como, por ejemplo, comer, beber, conducir, amar. Evite las muletillas.

La pandemia nos obliga a usar mascarillas, con mayor razón ocúpese de entregar más apoyos visuales, como gestos, señas, imágenes y si puede, use una mascarilla que permita ver su boca.

María Soledad Montalba
Docente de la carrera Técnico en Educación Especial
CFT Santo Tomás – sede Rancagua


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