La vida después de un trasplante no admite atajos: un olvido, un cambio de horario o suspender una dosis puede poner en riesgo el órgano y la vida del paciente. En Chile, donde el ISP informó que 2024 fue el año con más personas trasplantadas en la historia -675 pacientes-, el desafío ya no termina en el pabellón: recién empieza en la rutina diaria.
La evidencia es clara; en trasplante de órgano sólido, la no adherencia puede ubicarse entre 15% y 30%, y otros trabajos reportan cifras aún mayores, entre 20% y 54%, con una caída del cumplimiento a medida que pasan los meses. Lejos de criminalizar el error, nuestro rol es educar y acompañar. La evidencia internacional confirma que factores psicológicos y el empoderamiento del "paciente activo" son las verdaderas claves para sostener este esfuerzo diario y evitar complicaciones.
Como químicos farmacéuticos, sabemos que sostener una terapia crónica pesa. El paciente trasplantado necesita entender para qué sirve cada medicamento, cómo tomarlo y qué hacer si olvida una dosis. También requiere una red que ayude a ordenar horarios, resolver dudas y anticipar interacciones o molestias, porque adherir no es "cumplir por cumplir", es proteger y sostener una nueva oportunidad de vida.
Chile tiene una oportunidad sanitaria y humana. Si queremos que el aumento de trasplantes se traduzca en años de vida ganados, debemos reforzar educación farmacéutica, el seguimiento cercano y herramientas simples que se utilicen como recordatorios. Una alarma, una pauta escrita, una revisión periódica y hábitos saludables pueden marcar la diferencia.