Estudio chileno analiza cómo los omega-3 pueden apoyar el tratamiento del cáncer de mama

El cáncer de mama continúa siendo la principal causa de muerte por cáncer entre las mujeres en Chile, con entre 1.600 y 2.000 fallecimientos al año. Frente a esta realidad, un grupo de investigadoras e investigadores de distintas universidades chilenas analizó el papel de los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 en la prevención, el tratamiento y la supervivencia de pacientes con esta enfermedad. (ver estudio)

¿Qué relación existe entre los omega-3 y el cáncer de mama?

La académica del Departamento de Nutrición de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, Camila Farías Castro, explicó que los omega-3 de cadena larga, EPA y DHA, podrían aportar beneficios en distintas etapas del cáncer de mama. Según la investigadora, estos ácidos grasos se han asociado con una menor inflamación y con la reducción de algunos factores relacionados con el riesgo de desarrollar la enfermedad.

Durante el tratamiento oncológico, añadió, podrían contribuir a modular la respuesta inmunológica, disminuir la inflamación sistémica y reducir efectos adversos como el dolor musculoesquelético asociado al uso de inhibidores de aromatasa.

¿Los omega-3 reemplazan los tratamientos oncológicos?

Farías enfatizó que los omega-3 no sustituyen las terapias médicas. “Sin embargo, es importante destacar que los ácidos grasos omega-3 no reemplazan los tratamientos oncológicos, sino que constituyen una estrategia nutricional complementaria dentro de un manejo integral de la enfermedad”, señaló.

La investigadora indicó que las principales fuentes dietarias de EPA y DHA son pescados grasos como jurel, sardina, caballa y salmón, además de mariscos como los choritos. También existen fuentes vegetales de omega-3, como chía, linaza, nueces y aceite de canola, aunque la conversión del organismo hacia EPA y DHA es limitada.

¿Cómo se recomienda consumir estos alimentos?

El director del Departamento de Nutrición de la Universidad de Chile, Rodrigo Valenzuela, recomendó promover el consumo de pescados y mariscos chilenos, pero “no fritos”. Explicó que la fritura puede alterar la composición de los ácidos grasos y hacer que se pierdan sus beneficios.

Las Guías Alimentarias para Chile sugieren consumir pescado al menos dos veces por semana, idealmente pescados grasos, junto con una dieta basada en frutas, verduras, legumbres y cereales integrales.

¿Por qué la nutrición debe ser personalizada?

Las investigadoras advierten que no todas las personas responden igual a una intervención nutricional. Factores como el estado nutricional, la obesidad, el subtipo de cáncer y el tratamiento recibido pueden modificar los resultados. La obesidad, además, se asocia con un estado de inflamación crónica y con un mayor riesgo de desarrollar diversos tipos de cáncer, incluido el de mama.

El estudio fue desarrollado por especialistas de la Universidad de Chile, la Universidad de Tarapacá y la Pontificia Universidad Católica de Chile.

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